viernes, 14 de agosto de 2015

del barro

Hundir la pisada. No poca dicha estar cerca del parque y recorrerlo sin gente luego de la lluvia, piso lo húmedo y blando que amortigua el desgano y el invierno, toco el color vivo del pasto, hojas y troncos, eludo el barro no sin fantasear con dejarme caer de cara, planchado de brazos abiertos sobre él. Pero no, no esta vez. Me contento con bordear charcos y apoyar la melancolía en la hamaca húmeda, vacía. El niño no está, claro. Acepto con nostalgia que por momentos aún lo busco y con más razón en el parque. Aquel niño, aquel parque, aquel aire imprescindible. Inhalo hondo y lento mientras se suelta una lágrima; estoy lleno y es posible que reviente. Sí, no es una utopía reventar; de hecho hasta hay festivos espectáculos de gobierno donde destruyen una obra maestra y la gente se pone de pie y aplaude; le llaman implosión a eso de reventar hacia adentro; ¿por qué yo no?