Con la idea fija de hincarle el diente a la desdicha cotidiana, me dije ¡basta! No pasa de hoy que logre hallarle un culpable. Y ando ahí, cerquita, respirándole en la nuca. Entre un rico artículo que vi por ahí (y compartí), más una (la) neurona inquieta que hoy me raspaba incansable detrás de la oreja izquierda, parió una primera conclusión: nuestra insatisfacción existencial es hija de la mala educación y el falso sistema de creencias trasmitidos por los siglos de los siglos, y dado por bueno de modo natural e inconsciente. Paraísos creados por religiosos creyentes, mundos de bondad y belleza inventados por creyentes paganos. Dioses buenos e ideales de libertad, igualdad y fraternidad, y perfección y el hombre nuevo. Nada de eso existe, ni existió.
lunes, 11 de noviembre de 2013
jueves, 7 de noviembre de 2013
Caprichos
Capricho creador que nos hizo débiles, tan jodidamente débiles.
Claro que no nos dejó así nomás: puso el discernimiento, como para ir separando un poco paja de trigo; agregó una dosis de libertad como para desafiar a ver qué hacíamos con eso. Y para terminar de complicarla puso ese toque singular y definitivo para que la historia sea como es: la voluntad.
Y ahí tenemos esa montaña de miseria que somos, con
discernimiento para el control remoto de la tv o para el me gusta del facebook;
la libertad para consumir, putear y
votar; más una voluntad corroída por la única y falsa creencia de que sólo un
poco de placer tiene sentido para aliviar el dolor. No existe nada más. O casi.
Y sí. Soy -también- eso. Los caprichos no piensan en el desenlace a largo plazo.
lunes, 14 de octubre de 2013
Espejo
Leo, pienso, prensa, análisis, juicios certeros, absolutos,
implacables: el mundo, la región, el país, son un caos. Y casi sin darme cuenta
soy parte del gran jurado, indignado, triste
y pesimista. Una llamada y tres minutos sin usar la computadora para que la
pantalla negra me devuelva mi imagen.
Si observara las miserias del mundo con la permisividad que lo hago con las mías, de seguro me quejaría menos.
Si observara las miserias del mundo con la permisividad que lo hago con las mías, de seguro me quejaría menos.
O si corrigiera mis miserias con la severidad que le critico
al mundo, sería un humano bastante
mejor.
Pero no. Heme aquí, débil humano cómodo, tan mundo y
miseria, pobre de actos y rico de palabras y de queja. Y como si con contarlo,
mejorara algo.
viernes, 11 de octubre de 2013
Bautismo
Toque de gracia, vida que asoma, pura, limpia; acto mágico que de algún modo rogamos cada día frente al espejo para ser nuevos, ser otros. O los mismos, pero sin tanta miseria sobre los hombros. Siempre es más cómodo pedir un imposible de lujo, que hacer algo concreto por un posible modesto.
Sin embargo, cuando Pino existe, ocurre un bautismo; el toque sagrado de luz.
Ellos, los pequeños, son los amos de la única pureza de la
que participamos y que nos transforma.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)