domingo, 19 de abril de 2015

Tarea taller: Monstruo

Monstruo. No veo qué necesidad hay de fijar una consigna que es solo una palabra y de hecho contraría nuestro elemental código iniciático de seis artículos. No son tantos los térMminos que tienen esa molesta propiedad musical de cuatro consonantes juntas: sin que sea una mera transgresión de por sí, puede ser bueno abstraernos por un instante y en una breve constricción de sentido, recurrir al instrumento que permita deconstruir un significante sin obstrucciones para circunscribir el texto a la solicitada monstruosidad. Disgresión. Perdón, continúo. Imaginé a Emilia, mi ahijada, ella y yo en lo mejor de la lectura de un cuento: “¿Quésh un mostro, Pino?” Había girado la cabeza y me miraba de frente con entrecejo arrugado y muy seria; la respuesta debía ser sin dobleces. Me alivia que surja ahora, antes de que en verdad eso llegue a ocurrir. Una primera aproximación me obliga a distinguir dos clases de monstruos: los que admiro y los que temo.