domingo, 29 de marzo de 2015

Domingo de Ruedas

Domingo de ruedas, a falta de ramos y ramas, lo cual no quita lo triunfal. Qué más gloria que la tibieza del sol en una radiante tarde de abril y pedalear al costado del azul y la sal. El recibimiento está en el aire que pega en la cara; él me reconoce como hijo y parte de cada tramo, lugar, persona, instante que crucé, cada uno con su demonio y santidad. No eludo saber ni pensar en lo que viene. Nadie escapa a su proceso de dolor, pasión, cruz, y el morir a algo de nuestra historia, pero sé de mi chance a renacer. Hoy y cada día, esta semana y todas. Aclaro: no lo digo desde el dogma ni la fe, ni desde ninguna conspiración coélhica-universal. Lejos de mi sentir. Carezco completamente de creencia (no es un orgullo ni un pesar; es un dato). Pero sí, elijo tomar aquellos rastros que otros dejaron como pista de búsqueda. Así, sin querer, me encuentro con una oración tan simple como la consciencia del aliento en cada pedaleada.  

domingo, 22 de marzo de 2015

Cebáte el tuyo; del mío me hago cargo.

Descargos de un matero con historia ante el rompehuevismo familiar en formato de cuidado mal aplicado.           

Ahora resulta que el mate no lo puedo tomar a la hora que quiero, no, lo tengo tomar a la hora que se les ocurre a ustedes, porque claro, antes del mate tengo que tomar un condenado desayuno que para mí nunca existió ni me interesa que exista, pero no sé qué del estómago y de los ácidos, ácidos ustedes que no tienen mejor idea que soltar a menudo vuestras nuevas sabias recomendaciones. Perdí cuenta de cuándo fue que me empezaron a inflar con la temperatura del agua al punto que ya casi acepté un tereré, todo muy rico hasta que descubrieron que empezaba a ocupar el baño más tiempo de lo que una aceptable convivencia tolera. Superamos eso, punto martini. Ah, ¿el termo? ¿Qué pasa con el termo? Me mudaron desde el viejo y querido con botellón interior de vidrio para toda esta nueva era del inoxidable y resulta que ahora hay inoxidables que son tóxicos y se forma un sarro que lo terminas tomando con el mate y es cancerígeno al igual que el sarro que formó en la caldera y también me la hicieron abandonar, supuestamente bien aprovechada como bonita maceta muy decorativa en la que se luce un helecho vigoroso a quien parece que le resulta muy nutritivo el sarro. Vaya a saber uno.