Toque de gracia, vida que asoma, pura, limpia; acto mágico que de algún modo rogamos cada día frente al espejo para ser nuevos, ser otros. O los mismos, pero sin tanta miseria sobre los hombros. Siempre es más cómodo pedir un imposible de lujo, que hacer algo concreto por un posible modesto.
Sin embargo, cuando Pino existe, ocurre un bautismo; el toque sagrado de luz.
Ellos, los pequeños, son los amos de la única pureza de la
que participamos y que nos transforma.
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