Leo, pienso, prensa, análisis, juicios certeros, absolutos,
implacables: el mundo, la región, el país, son un caos. Y casi sin darme cuenta
soy parte del gran jurado, indignado, triste
y pesimista. Una llamada y tres minutos sin usar la computadora para que la
pantalla negra me devuelva mi imagen.
Si observara las miserias del mundo con la permisividad que lo hago con las mías, de seguro me quejaría menos.
Si observara las miserias del mundo con la permisividad que lo hago con las mías, de seguro me quejaría menos.
O si corrigiera mis miserias con la severidad que le critico
al mundo, sería un humano bastante
mejor.
Pero no. Heme aquí, débil humano cómodo, tan mundo y
miseria, pobre de actos y rico de palabras y de queja. Y como si con contarlo,
mejorara algo.
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