domingo, 22 de marzo de 2015

Cebáte el tuyo; del mío me hago cargo.

Descargos de un matero con historia ante el rompehuevismo familiar en formato de cuidado mal aplicado.           

Ahora resulta que el mate no lo puedo tomar a la hora que quiero, no, lo tengo tomar a la hora que se les ocurre a ustedes, porque claro, antes del mate tengo que tomar un condenado desayuno que para mí nunca existió ni me interesa que exista, pero no sé qué del estómago y de los ácidos, ácidos ustedes que no tienen mejor idea que soltar a menudo vuestras nuevas sabias recomendaciones. Perdí cuenta de cuándo fue que me empezaron a inflar con la temperatura del agua al punto que ya casi acepté un tereré, todo muy rico hasta que descubrieron que empezaba a ocupar el baño más tiempo de lo que una aceptable convivencia tolera. Superamos eso, punto martini. Ah, ¿el termo? ¿Qué pasa con el termo? Me mudaron desde el viejo y querido con botellón interior de vidrio para toda esta nueva era del inoxidable y resulta que ahora hay inoxidables que son tóxicos y se forma un sarro que lo terminas tomando con el mate y es cancerígeno al igual que el sarro que formó en la caldera y también me la hicieron abandonar, supuestamente bien aprovechada como bonita maceta muy decorativa en la que se luce un helecho vigoroso a quien parece que le resulta muy nutritivo el sarro. Vaya a saber uno.
El caso es  que también  el mate en sí, ya no puede ser como antes, no. Me trajeron ahora un bonitísimo impresentable artilugio vitrificado por dentro y disfrazado por fuera con regio cuerito y borde metálico. Ah sí, una paquetería, realmente. Toda una delicadeza. Resulta que viejo y querido porongo ya no funciona (chocolate por la noticia, a mi altura de vida) porque parece que nunca se termina de secar bien y entonces un honguito divertido se aloja y crece alegremente en sus paredes, de donde luego pasan por la bombilla a hospedarse sin invitación en nuestra pared estomacal y bingo: gastritis, úlcera, cáncer, hemorragia digestiva sin freno posible, que en paz descanses, un rico mate a tu salud. Así que, matecito en vidrio, pero no todo queda ahí. Aguanten un poquito que les cuento más: resulta que las bombillas ahora también tienen su vuelta y no precisamente la convencional del mate. Tal parece que hay que usar esas que tienen un resorte en la punta que permite liberar la boca del tubo a efectos de su mejor higiene y así día por medio o cada dos (tampoco mucho más, éh) va una buena cepillada con un cuchuflito de alambre y pelitos cortos de cepillo como un cono en la punta (resumiendo, un limpiabombillas) cuestión de que los restos salivales de la gente amiga del mate compartido no permanezcan en el recuerdo de mi sistema digestivo por demasiado tiempo. Parece en verdad un detalle sutil significativo. Ya ni nombro el debate bioquímico y económico que genera la yerba; todos sabemos que la sola opción por ese hábito implica asumir un costo hoy significativo que dicen fue culpa de Dilma que dio beneficios laborales a los rurales (no, a los jardineros, no fue, no) y ahí se disparó a casi el doble de precio, todo un tema; pero oh tema el mate, ¿cuál tomar? Por lo pronto, la dama de canelones la prohíben los cardiólogos, y otra que se llama parecido a un té digestivo tampoco va: taquicardias primero, arritmias después, convulsiones no siempre pero la última etapa es sin salida: IAM (Infarto Agudo por Mate). Las de yuyos son las recomendadas, sí. En especial las que tienen treinta y siete yuyos y de ahí para arriba,  porque en ellas se sintetiza todo lo dual del humano: ella contiene un yuyo para la depresión y otro para la euforia, uno para la presión baja y otro -¡adivina!- claro, para la alta; uno para estreñimiento y otro para diarrea, uno para perder peso y otro para perder todo (dinero, salud, amigos). En fin, hay para todo gusto. Pues bien, ¿algún detalle más por discutir? Ah, me olvidaba: me dicen que lava el estómago. No necesito, soy una persona higiénica. Pero es energizante, ah, me viene bien para aguantar ciertos bajones de lo cotidiano. Sí, pero por más suave que sea, siempre es excitante al sistema nervioso; ¡nada que ver! Si te excitas es porque el sexo te come la cabeza y con el cuerpo no estás comiendo nada. Y bueno, cada uno realiza su felicidad como puede y yo con dos mates estoy,  intestino y riñones volando en piloto automático, ¡llevá! ¿Qué? ¿Qué ahora tengo que tomar mate con agua mineral? ¿De verdad? También eso. Y la jarra eléctrica, sí, es más ágil, cómoda, imagino. Y el helecho, ¿no puede ir ahí?  Ah no. Claro. Bueno... Che, yo los quiero un montón y desde hace tiempo, el cariño es irrestricto y sin titubeos, pero ¿saben? Les refresco un dato: en un par de meses cumplo ochenta y siete. Lo digo de nuevo por si no registran: ochenta y siete. Sugerencia: por qué no se dejan de joder de una santísima vez, publican entre ustedes un manual de autoayuda para matedependientes y se lo presentan a Vázquez dentro su programa de cuidados, y por último se meten el mate en la matera (el mate de ustedes en la matera de ustedes, aclaro), y me dejan tranquilo con el mío que yo me manejo, ¿les parece bien? Gracias. 
Con el cariño de siempre, 
Dan. 


* nota importante: Quien aparece como firmante de esta “carta” queda totalmente liberado de la autoría de la misma. Cada palabra del texto pertenece a quien hace uso de este espacio, en un intento de jugar con una realidad en busca de ponerse en el lugar de. 
Salud, Dan querido. 

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