jueves, 7 de noviembre de 2013

Caprichos

Capricho creador que nos  hizo débiles, tan jodidamente débiles. 
 
Claro que no nos dejó así nomás: puso el discernimiento, como para ir separando un poco paja de trigo; agregó una dosis de libertad como para desafiar a ver qué hacíamos con eso. Y para terminar de complicarla  puso ese toque singular y definitivo para que la historia sea como es: la voluntad.  

Y ahí tenemos esa montaña de miseria que somos, con discernimiento para el control remoto de la tv o para el me gusta del facebook;  la libertad para consumir, putear y votar; más una voluntad corroída por la única y falsa creencia de que sólo un poco de placer tiene sentido para aliviar el dolor. No existe nada más. O casi. 

Y sí. Soy -también- eso. Los caprichos no piensan en el desenlace a largo plazo. 

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